El extraño caso del ajo
Denunciamos aquí una de las desagradables conductas de nuestros estupendos restaurantes de menú del día. Uno quiere tomarse algo sano, ligero, que le permita continuar su jornada laboral sin pesadas estomagadas. Baja al restaurante y se pide una pechugita de pollo a la plancha, o un lomo de salmón. Que mejor regalo nos pueden hacer que regarlo con abundante aceite con ajazo, lo más fresco posible, que repita durante horas y te permita disfrutar de su recuerdo hasta la hora de la cena. Desde aquí damos consignas a nuestros agentes para que sancionen sin piedad a todos los que sin aviso contaminen nuestros segundos platos sin nuestro permiso.

