martes, 16 de enero de 2007

De tapas en la Plaza Santa Ana: La Moderna

Mal, muy mal empezamos cuando entras un grupo de seis personas a cenar y en el restaurante te piden que te sientes en una mesa apartada con taburetes, a pesar de que el resto del local esté vacío. ¿Sería por la mala catadura de nuestros agentes?. Aquí debería haber finalizado nuestra expedición, mandando a paseo al camarero, pero la templanza y saber estar permitió que nuestros inspectores pudieran descubrir los terribles secretos que aguardaban detrás de la larga carta de especialités de la casa.

Cuando uno pide un surtido de ahumados de 12€ del ala, se espera un platito generoso con salmón, trucha y demás exquisiteces bañadas en aceite de oliva. Pero no, en La Moderna no se cortan al innovar y ofrecer por el mismo precio un poco de mojama, pechuga de pollo marinada y algo inidentificable con sabor a hígado pero no de cerdo. Al cuestionar al camarero por el contenido y sugerirle que quizá había confundido el plato de ahumados por el de salazón su cara de prepotencia dejaba entrever que eso es lo que entendía la cocina por ahumado.

No todo acaba aquí. Para intentar aliviar la frustación decidimos resarcirnos con algo contundente: butifarra gratinada. Nuestras bocas se hacían agua esperando que una sabrosa butifarra a la parrilla, con todos sus jugos inundando el plato llegase a nuestra mesa. La decepción fue instantanea. En la fuente sacaron media docena de lonchas de chopped con dos tranchetes arrugados tras su paso por el microondas. ¿Cuestión de gustos? ¿Problema de concepto?

Que si, que nuestros agentes no deberían meterse en sitios de giris, pero sinceramente, en la plaza Santa Ana nunca habrá sitios igual de malos, pero al menos no te toman el pelo, y los camareros tienen más amabilidad.

La Moderna: terrible antro al que no dudamos en juzgar como culpable de todo lo que persiguen nuestros agentes de la policía del gourmet.

lunes, 1 de enero de 2007

De pintxos en Sagaretxe


En la calle Eloy Gonzalo de Madrid se encuentra este restaurante con barra de pinchos. Bastante similar a la plaga de franquicias que puebla la capital, el Sagaretxe tiene una barra de pinchos bastante aceptable. A destacar sus croquetas y la tapa de bacalao muy muy jugosa.
El único, pero grave problema, es el personal que tienen detras de la barra. Lo normal en estos sitios sería que al preguntar sobre la composición de la tapa se deshiciesen en explicaciones sobre los ingredientes y sugiriesen por afinidad los que más te van a gustar. Pues no es el caso del Sagaretxe. Si pides que te acerquen dos pinchos de berenjenas te miran con cara de "éste lleva dos sidras de más" hasta que le apuntas con el dedo el susodicho pincho. Si preguntas por flamenquines la camarera directamente te ignora y si se te ocurre preguntar por el relleno del pimiento te suelta que de pimiento. En fin, que no tienen ni idea de lo que tienen en la barra y lo que es peor: ni siquiera se preocupan. Comer y callar.

A pesar de que nuestro agente estaba dispuesto a saltar la barra para esposar y ajusticiar a los camereros, damos el caso por cerrado: declaramos culpable al bar y recomendamos a los que lo quieran visitar que se armen de paciencia y cuenten la posición del pincho para poder trasmitirlos por coordenadas al camarero.

jueves, 14 de diciembre de 2006

El extraño caso del ajo

Denunciamos aquí una de las desagradables conductas de nuestros estupendos restaurantes de menú del día. Uno quiere tomarse algo sano, ligero, que le permita continuar su jornada laboral sin pesadas estomagadas. Baja al restaurante y se pide una pechugita de pollo a la plancha, o un lomo de salmón. Que mejor regalo nos pueden hacer que regarlo con abundante aceite con ajazo, lo más fresco posible, que repita durante horas y te permita disfrutar de su recuerdo hasta la hora de la cena. Desde aquí damos consignas a nuestros agentes para que sancionen sin piedad a todos los que sin aviso contaminen nuestros segundos platos sin nuestro permiso.

lunes, 11 de diciembre de 2006

En la fonda caracoles

En la plaza de Lerma escondida en una de las calles laterales se encuentra el Asador La Acreditada Fonda Caracoles. El lugar, sin pretensiones, pero lejos del entorno que anuncian como "auténtico" es un buen asador de lechazo, con platos de sabor contundente, como suelen ser los asadores de la zona.

De precio normal y sin el agravante de haber encontrado nada sospechoso (a pesar de que el adobe del interior me da a mí que no tiene los 100 años que pretenden) ni artificial, nuestros agentes dan el visto bueno a su inspección